Mi absurdo poemario

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Gabrielita

Gabriela se llama,
ella es una princesa,
ella con su corta estatura
y sus ojos eternos
que se me tatuaron para
siempre en el alma me dicta
el destino, le pertenezco,
como ella a mis brazos, aun recuerdo
cuando la sentí  llorar por primera vez,
cuando en mis brazos encontró
hogar, cuando dijo papi aquí esta,
ella que se volvió todo mi sueño,
hoy se me convirtió es una fotografía,
hoy me movió el piso,
yo que con todo el alma le ame,
yo que soy el monstruo de hierro,
inamovible, tiemblo al recuerdo de su risa.
La amo con el alma entera,
fuerte intento ser,
la vida me la negó desde antes de nacer,]
aunque en la vida nadie, nadie le ame
mas que yo,
mi dulce niña.


En los ojos de violeta

Esta noche al mirarle a los ojos
y en ellos me encontré este poema,
como quien encuentra un suspiro en el
recuerdo, así sin buscarlo pero también
sin poder huir de él,
así es el pensar en ti,
irracional,
inesperado,
estrella fugaz,
sueño y luna,
brisa y paz,
dulce criaturita,
quien pensaría como yo,
quien como yo busque con pretexto
tus caderas,
y esa sonrisa tan tuya,
tan escondida detrás de tus ojos
que brillan como esperanzas,
tienes ese dócil espíritu de una niña,
y el delicado tacto de quien ya hace tiempo
es una mujer. Mujer de labios dulces,
labios rosas,
yo me encontré este poema
por ahí entre tu mirada y tu aroma
y mira lo que son las cosas se parece a ti. 


Desde el balcón

La noche desde el balcón
pasa de la mano de la brisa
donde los pensamientos
son un torbellino.

Sale la bocanada de humo
y asciende libre como el espíritu mío.

Y miro como sube y me pregunto
si mi perfume llegara a las estrellas,
como las musas a mi memoria.

Si alguno de los tantos puertos pisados
habré dejado destino o corazón roto,
si alguien que esta noche piense en mi
desde un balcón en cualquier lugar.

Noche fresca, de tierna primavera,
la primera de mayo,
y este sentir de libertad,
yo no se mañana,
pero esta noche seria
perfecta para volverse eterna,
tan impregnada de sueños,
de libertad. 

Desde el balcón del universo
forjando esperanza.


Amor en desacuerdo

Ella no tuvo la culpa,
el quizá fue un necio,
ellos no se pusieron de acuerdo,

¡Jamás!

Él quería amarla sobre todas
las cosas, a ella no le gustaba la idea.

Ella veía en el a su mejor amigo,
su apoyo, su confidente,
el no deseaba ser pilar,
no buscaba sus confesiones
por qué le herían,
el amigas tenia.

Una vez ella quiso amarle
y el cómo todo humano fallo,
ella no quiso más,
el insistió y siguió insistiendo.

La historia de un amor
en desacuerdo pero
ella no está de acuerdo,
dice que no paso y de este
paso él se aferra asegurando
lo que paso aunque no haya pasado
nada cuando estaba pasando de todo.

El, la quería pero ella no creía
en eso del amor, él no le creía
eso del no poder amar,
y aunque muchas veces se amaron,
quizá fueron pocas pero eternas,
o muchas pero fugaces,
ni en eso se entendían.

Ay con estos amantes en desacuerdo,
que se divorciaban antes de empezar,
él no la puede olvidar, ella le dice no me ames,
pero no se va, y le sonríe, y le mira,
y él le mima y se enamora y el desacuerdo
va otra de vez desde el principio.


El secreto

Esos profundos ojos negros,
que esconden la mujer apasionada
del cabello rizo,
un mar de sueños,
una vida de luchas,
y en tus labios el más
sensual de tus besos
es el más celoso
de tus secretos
y no mentiré al decir que deseo
ser yo quien te devele el secreto,
tampoco mentiré que deseado
ser brisa que te acaricie,
perfume que se prenda de tu piel,
de tus senos,
que querido ser la pasión
que te arrebate la ropa,
y más de una vez ser el sueño
que se quede contigo
del atardecer hasta el despertar,
no te miento que he querido ser tu respiración
y amarte incluso desde dentro,
ser el brillo en tus ojos,
ser quien ropa el sello
de tus deseos y todos tus recatos,
y ese es el secreto mio.


Esta vez sin ti

Qué difícil es tener que reconocer
que tengo ganas de olvidarte.

Difícil es convencerme
que nada bueno para mí hay en ti.

Serán esos labios rosa tenue
quizá tal vez tus ojos grandes,
y esa forma tan descarada
e involuntaria de enredarme
con tus sueños.

Y aunque son grandes mis
ganas de olvidarte,
de volverte pasado,
grande es también el esfuerzo
por enamorarte.

No quiero saber más de ti,
pero del cielo no puedo
borrar las estrellas,
y tus ojos del recuerdo.

Yo no puedo contra ti
lo que no pude contigo.

Quizá me falto un poco más,
soñar no basta,
siempre hace falta un poco más.

Pero si tan solo pudiera decirte adiós
con el corazón frio y duro,
marcharse no basta.

Quizá no llegue tan lejos,
aquí tu voz aun me toca,
aun me destroza,
yo solo quiero soñar,
pero, esta vez sin ti.

 


¿Donde?

Donde habrán quedado los poemas,
las lunas y las sonrisas,
donde habrá quedado el.

Intenta esconderse en esta
poesía que no cobija,
sin decimas ni rimas,
que ni es soneto,
y entre la prosa
y la brisa,
la risa… se la lleva el viento.

Donde anda esa musa
descarriada,
el poeta abandonado no la encuentra,
no se encuentra.

En qué tiempo en que hora,
ella es minuto y él es hora,
son momento que no se encuentra,
donde habrá quedado
todo aquello que cargaba dentro,
eso que no cabía en maletas
y solía amontonarlos en prosas
tan libres como sus pensamientos.

Será que quiere gobernarse,
volver a ser el,
quitarse el desastre y la destrucción
del paso de su voz,
palabra a palabra es para él un huracán,
reconstruyéndose,
la montaña no cede al viento,
pero el por ella, ya lo ha cedido todo.


El atajo

Ella existió por ahí en las tardes de verano,
se me hizo eterna escondiéndose en el otoño
hasta que finalmente antes del invierno
busco mis brazos, se cobijó en mí,
dibujo una historia,
loca, furiosa, sin forma ni futuro,
dibujo y arranco la hoja,
duro poco muy poco,
menos que los cubos de hielo
en el verano,
pero a mí me parecía eterno,
y yo creía que esa historia loca
tenia forma y futuro,
que más que embravecida de un momento
a otro seria amorosa, como las caricias
como sus labios,
mas sin embargo, yo no era
el destino,
solo un atajo en el camino,
y aunque su rostro me parecía de estrellas,
ese no era mi cielo,
ni esa boca era mía,
fui el por mientras de su espera,
cuando ella ya se había
convertido en todo,
me había ella encontrado,
pero no me estaba buscando,
y ella tenía alas
y la veo volar,
más que con tristeza,
aun le dibuja una sonrisa
a este rostro,
a este necio que no entiende
de puntos finales,
ni de besos en pausa,
que entiende poco de atajos
y caminos y le basta
con verse siempre una
vez en sus ojos.


De ti! nada

Hay historias así en las que uno puede darlo
todo sin encontrarse nada.

Historias que no se engarzan,
caminos que jamás
se cruzan.

Hay personas que se pueden
morir por alguien más,
dar la vida,
por que para algunos con
una sonrisa basta.

Aunque de ti nada.
De ti el silencio
sin la risa.

De ti no queda más que la herida.


El encuentro con la risa.

Deje decirle que encontrarme

con usted es encontrarme con la risa.

 

Que le devuelvo a sus palabras suspiros,

que me inquieta,

que me gusta saber de su rubor.

 

Que aunque la noche oculte
la luna, se de dos estrellas
que brillan y titilan para mí.

 

Sé que no está lejos, que me invita
a vivir en su sonrisa,
y que en una flor me da a saber que
tiene un corazón con alas.

 

Ansias de soñar son las que nos
cobijan y animan a encontrarnos,
como nubes que se abrazan

hasta volverse una sola.

 

Me recuerda a la frescura
y a la montaña, fresca como
agua clara me roba las amarguras
viejas mientras siembra
flores, la encontré sin buscarla.

 

El destino me trajo aquí,
quizá sea en usted donde
encuentre el hogar un alma
vagabunda, donde mi destino
descanse, sus ojos cada mañana
y cada noche, un principio 
y un fin. Usted y yo.


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